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viernes, 19 de diciembre de 2014

Con los puños como piedras
y las manos levantadas
grité a las puertas del cielo
deseando que un dios me abra.

A las que encierran la nada
rumbo del sueño perdido
conté las horas pasadas
en una cárcel metido.

Ay, delante de la puerta
esperando pasé días
a escuchar pasos tuyos,
mientras mi ardor se encendía.

Ay pena, penita, pena
la del corazón que se cansa
detrás de la puerta, nadie
detrás de la puerta, nada.

Fue esperanza clara y vana
fue un grito desmedido
ay silencio traicionero
mi silencio enmudecido.

Ay pena, penita, pena
de este corazón herido
ay rosa que fuiste cardo
gardenia que fuiste espino.


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